“El año en que nací”. Una obra de Lola Arias estrenada en Teatro a Mil

Conversación inconclusa sobre un proyecto inconcluso: “El año en que nací”.


“El año en que nací’ es una obra de teatro venida desde Argentina y de la cual había escuchado y leído por lo que tenía expectativas respecto al proyecto en Chile. Tratar la memoria de países como los nuestros, que más necesario, pues la cultura amnésica tiene pifias por todos lados colocándole todo el tiempo violencia a la realidad.  Reyes Mate (la herencia del olvido, 2009) nos recuerda que ‘en Macondo anida el miedo de engendrar hijos con cola de cerdo. Pero no recuerdan por qué. Huyendo de un pasado que querían olvidar, se fundó el poblado sobre un pacto de olvido.. .Generaciones después, los Buendía mueren sin saber por qué, exterminados por matones que, a diferencia de ellos, no habían olvidado el pasado’.  Auch.

La obra es refrescante, pues visita la memoria no sólo desde un lugar genérico como ‘la historia’ sino desde el domicilio que ocupamos y más, desde el lugar que también ocuparon nuestros padres y nuestra infancia, lo que la hace más interesante aún. Una memoria genealógica que abre el imaginario hasta lugares insospechados para quienes lo recorren. Ciertamente en Argentina despertó gran interés, en Chile creo que no, a pesar de que se ha hablado de ella y en muy buenos términos. Qué ha dicho la crítica (estremecedora, imperdible, sanadora):

http://www.lasegunda.com/Noticias/CulturaEspectaculos/2012/01/714842/Columna-de-Marco-Antonio-de-la-Parra-Una-experiencia-ESTREMECEDORA
http://www.zancada.com/el-ano-en-que-naci-imperdible/
http://santi.cl/dev/criticas-de-teatro/35-criticas-de-teatro/529-el-ano-en-que-naci-una-obra-sanadora-

Fotos: http://www.fototeatro.cl/ver_obra.asp?id_obra=710

En fin, en el marco del Festival Teatro a Mil hice intentos varios por ir con un grupo de buenos sociólogos y conversadores, pero el precio de la entrada dejó la vara alta ($12.000). Pero fuí, invitando.

Creo que Lola Arias plantea un proyecto teatral potente para Latinoamérica, un teatro estético, en el sentido de “interrumpir las coordenadas normales de la experiencia sensorial” y hacer con ello una política, aclarando esa definición de Ranciere que habla de que arte y política son dos formas de aprensión de lo sensible.  Poner en escena 11 actores y sus propios registros (fotografías, narraciones, instantes, recuerdos) de la década del 70’ y 80’ en Chile logra una mirada sinfónica, juego con la diversidad, que quizás no siempre logre recoger todo el espectro pero si oposiciones de ella (las derechas, las izquierdas, arriba, abajo). La puesta en escena es ágil, innovadora, multimedial.  Con aciertos notables como los juegos y su ironía: ¿quién es más de izquierda, más oscuro, más pobre?, ordenémonos.

No obstante, algo parece quedar inconcluso, ¿no?. El cierre. Quizás Lola Arias se cansó de ver esta extraña armonía en la convivencia chilena, de la que muchos extranjeros se asombran. Ante el cansancio, lanzar soluciones al futuro es la solución más económica. Sin embargo, eso vuelve a colocar un proyecto en deuda. Quizás lo más claro de esta deuda es que en un momento, acercándonos al final de la obra aparecen 11 guitarras eléctricas tocadas por cada uno de los actores en nota Mi. No obstante, aparece la retórica de la infancia. Niños en escena que lanzan la moneda de las próximas elecciones (¿presidenciales?). Se lanza al futuro lo que podemos hacer aquí y ahora. Re-cordar.  Volver a pasar por el corazón, volver al cardio y quizás conectar una sanadora agresividad con quien es capaz de ver el cuadro completo, nosotros como espectadores.

http://www.lolaarias.com.ar/