La serie House of Cards como relato del Estado

El Mercurio Domingo 23 feb de 2014
El Mercurio Domingo 23 feb de 2014

Hoy en El Mercurio apareció una nota sobre impresiones de políticos chilenos sobre la serie House of Cards de Netflix.  Las impresiones son dentro de lo esperado, no obstante, permiten mirar la pobre reflexión y la carencia de lecturas sobre el Estado en nuestras conversaciones públicas. Si ésta ha llegado a la cultura pop en USA, de alguna manera indica la capacidad de esa industria cultural de llevar contenidos usando la libertad que disponen y la capacidad de construir relatos sobre el orden social estadounidense (artificial o no). Cabe entonces mirar la cuestión en Chile.

Martín Tanaka (2010) señala que el estudio del Estado no se ha producido aún porque después del periodo de las dictaduras, el análisis político se centró en las transiciones democráticas y luego en los estudios sobre las políticas que se fueron implementando. Para este autor, el rol del Estado sería clave como red de instituciones formales e informales en su relacionamiento con la sociedad, distinguiendo el análisis mismo de la dinámica interna estatal que permite comprender, a su vez, las relaciones que establece con la sociedad. De lo que se trata diríamos, particularmente en Chile, es de visibilizar el cómo la precariedad del Estado -su debilitamiento- hace que esté atravesado por intereses privados no sólo a nivel nacional-macro (poderes económicos, poderes político-sociales), sino también a nivel local-micro expresado en sus cuadros administrativos y dinámicas laborales sustentadas en particulares culturas organizacionales.

Siguiendo a Rossana Barragán y Fernanda Wanderley (2009), podemos decir que un aspecto central a observar en el Estado es su materialidad concreta: se trate de funcionarios, oficinas e instituciones, o prácticas burocráticas mundanas. Esto implica considerarlo en su desagregación, en su concreción, en sus encarnaciones y en sus funcionarios. Por ello es fundamental también analizar las múltiples y entramadas relaciones de poder en distintos niveles e instancias, así como los complejos juegos de lecturas y reinterpretaciones, silencios, acomodos, invenciones y acatamientos entre diversos actores.

Quien ha tenido la experiencia de trabajar en el Estado chileno se ha llevado más de una sorpresa. No obstante poco se ha dimensionado lo que nos sorprende y lo que hemos asumido al experimentar desde adentro: su cultura y funcionamiento marcado, muchas veces, por la jerarcofilia y los pactos narcisistas.

El autoritarismo en Chile ha dejado huellas profundas en todo el orden social que aún no han sido develadas en toda su magnitud. El Informe del PNUD del año 2004 identifica una histórica cultura autoritaria instalada en Chile, reforzada por la dictadura cívico militar, que tendría ramificaciones en todo el cuerpo social, con consecuencias insospechadas (diríamos) y que forman parte del cúmulo de contradicciones de la transición democrática en sus aspectos económicos, sociales y culturales. El autoritarismo y la sumisión constituirían la ‘cultura’  incubada desde los albores de la sociabilidad chilena en las formas de la conquista y su institucionalidad de las encomiendas, como relación de vasallaje y sometimiento.  Cabe la tarea entonces de elaborar, ya sea a través de narrativas que puedan ser donadas desde la industria cultural o bien desde la investigación social (cuanto falta hacen las etnografías al Estado) las perspectivas que nos permitan ver a ese desconocido que es aún el Estado en Latinoamérica.

1. Martín Tanaka (compilador). El Estado, viejo desconocido: visiones del Estado en el Perú. Lima. IEP. 2010.

2. Rossana Barragán y Fernanda Wanderley?. Revista de Ciencias Sociales. Núm. 34, Quito, pp. 21-25  Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Sede Académica de Ecuador. Mayo 2009.

3. Informe PNUD 2004: El poder para qué y para quién.