Planeta fútbol: orgasmos, cazadores y nacionalismos.

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Captura de pantalla 2014-06-12 a la(s) 10.44.02Entrevista a Peter Sloterdijk. Der Spiegel 23, 2006

Un equipo de hermafroditas

[Trad. IAMC] Conversación de Sloterdijk con D. Kurbjuweit y L. Gorris.

El filósofo Peter Sloterdijk habla sobre orgasmos de goleadores y comunidades nacionales de excitación, sobre el cazador masculino que ya nadie necesita – y todo lo que esto tiene que ver con el fútbol-.

Señor Sloterdijk, cómo mira usted los juegos del mundial, ¿como fan o como filósofo?

Sloterdijk: Más bien como un hombre que se interesa por la arqueología de la hombría. El fútbol es atávico y es un método probatorio antropológico. Desde hace algunos miles de años buscamos los varones humanos una respuesta a la pregunta: ¿qué se hace con los cazadores que ya nadie necesita?. Visto desde nuestro diseño antropológico son los hombres construidos de tal manera que participen en cacerías. Sin embargo, desde hace ya 7000 años, desde el comienzo de la agricultura, sometimos a los cazadores a un enorme programa de sedantes. Entre más alto el nivel de la religión, mayor fue el intento de convencer al cazador interior de que en realidad ser varón era un vergüenza y de que los varones en cuanto varones jamás tomarían parte en la salvación.

Spiegel ¿A no ser que jugaran fútbol y reemplazaran la cacería de lo salvaje por la cacería del gol?

Sloterdijk: Así es. Apenas si hay un juego que pueda imitar tan claramente nuestro viejo y protoartillero sentimiento de éxito en la cacería. Cuando uno ha paralizado al cazador interior, lo ha matado completamente, se llega entonces inevitablemente a la convicción de que no hay en el mundo algo más tonto que la reacción de un jugador de fútbol tras el anotar un gol. Es realmente obsceno lo que se llega a ver. Comparados con una actriz-porno, ella sentiría vergüenza de estos extraños orgasmos de goleador que son representados para el público que paga. Pero tan pronto como se renuncia a dar muerte al cazador interior, se siente de inmediato lo que se está negociando en el césped. Allí se escenifica, a saber, el más viejo sentimiento de éxito de la humanidad: acertarle con un objeto balístico a una presa que intentaba protegerse por todos los medios. Creo que es este punto en donde se puede traer a cuento el concepto “deep play“. Él designa los tipos de juegos que arrastran a los hombres por completo.

Spiegel El varón primitivo es pues, en gran parte, inútil y solo sirve para el juego. ¿Le va mejor a las mujeres?

Sloterdijk: Las mujeres son por origen recolectoras y a ellas se las necesita ahora más que nunca, pues las recolectoras devienen por el camino más corto consumidoras. En este punto son las mujeres mucho más compatibles con el capitalismo que los varones. En la consumidora se muestra todavía esa satisfacción callada, triunfal, de la recolectora que lleva algo a la casa en su canasta. De ésta ha surgido ese misterioso universal femenino: el bolso de mano. Un varón sin lanza o sin balón, puede ser, pero una mujer sin bolso de mano es antinatural.

Spiegel ¿Personalmente se deja arrastrar por el fútbol?

Sloterdijk: He encontrado una referencia pasable al fútbol en una vía subsidiaria de la formación. No obstante, para llegar a ser un hombre normal, tuve que hacer el rodeo por la antropología. Como antropólogo me permito también, por así decirlo, ser un hombre. Pertenece a la dotación fundamental de lo humano un cierto grado de disposición a volverse loco junto a los otros. Y me lo he permitido en mis días maduros de vez en cuando.

Spiegel Se ha comprado el Goleo

Sloterdijk: No soy del tipo que compra mascotas

Spiegel ¿Canta el himno nacional?

Sloterdijk: Soy psicológicamente incapaz de esto. Observo los jugadores y veo como algunos hacen durante el himno pequeños movimientos reprimidos con los labios. Otros caen en un silencio profundo, muy alemán. Este sería probablemente también mi caso. De resto me gusta el canto pero solo en su forma artística. El canto de himnos nacionales no forma parte de mi formación fundamental.

Spiegel El equipo nacional es uno de los pocos conceptos donde nos permitimos usar la palabra nación. ¿Qué significa el equipo nacional en especial para nosotros los alemanes?

Sloterdijk: En un primer momento significa lo mismo que para todas las naciones modernas que otorgan tales delegaciones de sí mismas a sus equipos. Allí tienen lugar rituales de representación en los que gran parte de la población quiere tomar parte. Los alemanes tenemos en este asunto – como en la mayoría de los otros – una posición especial porque somos, debido a nuestra historia, a más tardar desde 1918 y desde el Tratado de Versalles, un colectivo profundamente herido, en parte incluso uno menesteroso de revancha. Y tras 1945 somos, por el contrario, un colectivo que incluso tiene miedo de sus impulsos de revancha y que los censura. Somos un grupo extraño que solo en el modo del arrepentimiento puede vivir una conexión interna.

Spiegel Usted ha escrito que las naciones son comunidades de excitamiento. ¿Qué puede excitar más una nación que un mundial en su propio país? Todavía hay gran cantidad de gente a la que el pensamiento de una Alemania excitada le da presentimientos.

Sloterdijk: Por supuesto. Cuando se ha tenido la experiencia que las excitaciones colectivas son, para decirlo con Thomas Mann, un “terreno demoníaco“, se vuelve uno cuidadoso con todo lo que incite. Somos gatos escaldados desde que vivenciamos que las excitaciones colectivas son siempre producto de cierto libreto político. Tales liturgias emocionales son producidas según reglas determinadas y son desde siempre instrumentalizables. El entretenimiento de los sábados y la voluntad de guerra están emparentados psicológicamente, por eso se muestra el entusiasmo como un fenómeno del que se puede abusar. Se debe tomar la precaución alemana como algo más que un neurosis. Bastaría con señalar que también se puede abusar moralmente de la precaución. Quien ha experimentado en cuanto que alemán como los ingleses celebran y cantan himnos, opinaría automáticamente que el fascismo se decidió por la Isla Británica. En nosotros hay un pedagogo que quiere proponerle también a los otros mundialmente un programa de sobriedad made in Germany.

Spiegel En Alemania se torna la excitación rápidamente fea. Esto lo mostró la pelea en torno a Jürgen Klinsmann. ¿Por qué no podemos confiar en el entrenador y su equipo?

Sloterdijk: Confiar no es una opción alemana, conocemos a Lenin: “confiar es bueno, control mejor“. Los alemanes convierten esto en: “confiar es bueno, despotricar mejor“. Hay un afecto increíblemente fuerte al desprecio en nuestros queridos paisanos, por ello es el puesto de entrenador nacional todavía menos cómodo que en otros países. Pero en general vale que el entrenador nacional es algo así como un director de caza y sus éxitos repercuten en el estado de ánimo del colectivo.

Spiegel ¿Despotricaremos de nuestros últimos héroes hasta que toquen fondo? Sloterdijk De todos modos ya no tenemos héroes, los hemos reemplazado por stars. Spiegel ¿Qué diferencia al star del héroe?

Sloterdijk: El héroe muere temprano; el star vive más de lo debido– con esta fórmula se consigue una visión general en este campo. En realidad están ambos llamado a un fin temprano: El héroe en el campo de batalla, donde cae, el star mediante su nueva incorporación a la vida civil, lo que viene a ser como la declaración de inhábil y con ello una muerte simbólica. En este sentido no sería una muerte temprana mala para la mayoría de deportistas porque casi sin excepción se vuelven desagradables después de su carrera. Incluso los atletas más interesantes de transforman, si siguen pero como funcionarios, en cabezas con olor a moho. Por el resto de su vida no hacen nada que no se desmentir los motivos por los cuales fueron conocidos; empiezan de forma brillante y terminan desmontándose a sí mismos. Esto se lo ahorró Aquiles porque vivió un genuino showdown.

Spiegel En David Beckham o Ronaldinho, los stars del fútbol moderno, no se reconoce fácilmente al cazador.

Sloterdijk: El star tiene que vivir hoy en una sobreexposición permanente, posee un privilegio pasivo de atención: él es muy visto – y no ve casi nada. La respuesta a esto se llama: conviértete en modelo. Los que mejor hacen su papel de stars son los jugadores que cambian conscientemente al mundo de la moda, por ejemplo Beckham. Así puede señalar alguien que el jugador mismo ha entendido su desheroización. Por consiguiente es mejor hoy aparecer como hermafrodita que como héroe varonil. Los modelos futbolistas siguen una tendencia evolucionaría que se observa desde los años sesenta: la inclinación al hermafroditismo. Éste es un movimiento a largo plazo en el que los hombres se desarman y son descubiertos como clientela para ofertas cosméticas.

Spiegel ¿Es el equipo nacional alemán un equipo de hermafroditas?

Sloterdijk: Sí, en principio. Pero Klinsmann se ha defendido de ello. Pienso que él no botó a Kuranyi por su presunto bajo rendimiento sino porque toma a mal que este necesite media hora para rasurarse su barbita. Esto es también un voto antihermafrodita de Klinsmann, una protesta antimodelos.

Spiegel Su colega, el filósofo berlinés Gunter Gebauer, dice: el juego con los pies es todavía una protesta muda contra la cultura erudita.

Sloterdijk: También lo veo así. Uno de los planteamientos más fascinantes de la historia reciente de la cultura es para mí el siguiente: ¿Por qué hemos vivido el renacimiento de los siglos XV hasta entrado el XIX siempre solo como un retorno de la literatura antigua y de las artes? Cualquier niño sabe que la antigüedad ya tenía una cultura de masas fascinante, el deporte originario. Nuestro renacimiento clásico empero solo ha retomado aquello que ha fomado con las manos la diversión de las clases superiores. Mucho tiempo se ha titubeado en evocar junto al artista, al filósofo y al científico, también a la figura antigua más fascinante, esto es, al atleta. Hace apenas 100 años que este ha regresado y desde entonces ha marcado la escena. Con su emergencia hay otra vez pleno empleo para las emociones thimoteicas del hombre. Según la doctrina psicológica fundamental de los griegos antiguos poseemos no solo el Eros que nos hace anhelar las cosas, sino también el Thymos, es decir, la ambición de hacer valer las propias preferencias.

Spiegel ¿Mostramos hoy en día nuestras preferencias mediante dribblings bien hechos?

Sloterdijk: Sí, también. Por fin nos atrevimos a conjurar realmente la antigua cultura de masas, esto es, a introducir los torneos. Por eso estamos construyendo desde hace poco sitios neo-antiguos para la lucha: el estadio griego y la arena romana. Spiegel ¿Por qué se ha redescubierto tan tardíamente a los atletas? Sloterdijk Seguramente se ha sentido que es peligroso cuando se juega con estas energías. Si se permite al pueblo reunirse en las arenas la cosa podría volverse con facilidad políticamente explosiva. Recién cuando fue claro que estas formas de reunión deportiva de masas no se convertirían repentinamente en revoluciones, fue cuando se fundaron en todo lado estos nuevos recintos de la cultura de masas. La antigüedad había legado aquí un arquetipo perfecto: La arena con sus escaños ascendentes. Incluso ahora, si se miran los estadios más modernos, como la Allianz Arena en Munich, se reconoce de inmediato: Esto es todavía el coliseo.

Spiegel En las arenas modernas los esponsores y VIPs desplazan a los fanáticos clásicos con sus Lounges y sus sectores-Business.

Sloterdijk: Esta transformación sigue una tendencia fundamental del capitalismo desarrollado: la metamorfosis de los trabajadores en jugadores, en bolsistas. Es típico para estos estar preparados para separar la conexión entre rendimiento y paga. Cuál sea el salario lo saben más o menos porque tiene que ver con un rendimiento. No obstante el salario no alcanza ya, se quiere ser sobrepagado. La exigencia de sobrepaga es la forma actual de expectativa de ganancia. Esta sociedad se encuentra, por supuesto, también en los estadios. Allí uno está entre los suyos. La gente sobre el césped es uña y carne con aquellos del Lounge, todos saben que se trata solo de ser sobrepagado. Cuán peligroso es esto lo empezamos a entender paulatinamente, pues solo poco a poco llegamos a ver las consecuencias desmoralizadoras del sistema. Por lo demás es el estadio postmoderno también una máquina de verdades duras. A diferencia del teatro moderno, donde desde el principio solo actúan perdedores que hablan sobre sobre sus problemas y en ello se enredan cada vez más, en la arena moderna se trata siempre solo del gusto por la diferencia primigenia: triunfo o fracaso.

Spiegel El fútbol es también un ejemplo extremo de globalización. En algunos clubes alemanes de primera división apenas si juegan todavía un alemán; en las finales de la Champions League estaban por el Arsenal London solo dos ingleses presentes, por Barcelona tres españoles.

Sloterdijk Lo que hemos vista en esta final fue el juego de dos selecciones del mundo que simulaban ser clubes locales. Mas esto significa también que el club de fútbol y su ciudad se transforman en emplazamientos, así como las ciudades en cuanto tales se convierte en emplazamientos. En la era de la globalización, es decir desde 1492, la patria en se transforma en emplazamiento.

Spiegel Si la Champions League es una competencia de los emplazamientos, ¿qué es pues el mundial?

Sloterdijk Una empresa propiamente restaurativa. En una situación en la que las naciones nadan en la tendencia postnacionalista, se muestran otra vez como naciones por amor al torneo. Esto es un tanto curioso.

Spiegel ¿Por qué?

Sloterdijk Los equipos nacionales apenas si tienen realidad fuera del torneo. En el torneo representan ellos algo así como simuladores nacionales que recuerdan a una población que ella, si lo quiere, también se puede identificar como nacional.

Spiegel ¿Funciona?

Sloterdijk Bastante bien porque los sentimientos de participación de los hombres son desempleados crónicos. No vivimos en un mundo que responda a la necesidad de participación, al contrario: en realidad uno se pertenece siempre a sí mismo, en el mejor de los casos al propio futuro. Además se tienen un par de relaciones o se está, como se dice bellamente, en red. Pero los hombres que están en red están en todo caso en una situación postnacional. En general no se quiere ya la obsesión por la comunidad. La corriente de la civilización pasa a disolver comunidades y con buen motivo: porque individuos autoconscientes soportan cada vez peor la molestia permanente de la pertenencia a grupos. Ni queremos ser representantes de la propia tribu ni tener que representar la propia nación en el extranjero. Pese a ello hay situaciones en las que uno se identifica nacionalmente por un par de horas.

Spiegel Si se muestra lo nacional en el equipo nacional, ¿no sería entonces lógico, por ejemplo en el cuestionario de inmigrantes, incluir la pregunta: „¿Quien jugó en 1974 la final con Alemania?“ como prueba de que alguien se interesa por este país?

Sloterdijk ¿Por qué no? Por otro lado tendría que existir la posibilidad de probar, por la respuesta contraria, que uno pertenece aquí. Los malos alemanes eran hasta ahora los buenos – esto debiera estar también permitido a extranjeros. Quien quiera inmigrar aquí debe tener la posibilidad de decir: „yo soy un mal patriota, por eso encajo aquí. Esa gallada, Beckenbauer y co., me dan lo mismo. El deporte me parece idiota y es mejor que perdamos. Por tanto tengo un derecho de convertirme en un miembro de esta nación“.

Spiegel ¿Pero debe conocer el inmigrante el milagro de Berna [referencia al triunfo en Berna del equipo alemán sobre el de Hungría, el favorito, en la final del mundial de 1954]?

Sloterdijk Uno podría formular la pregunta: „¿Qué lo aburre a usted más?“ Si alguno marca con una cruz el milagro de Berna, es un caso para la policía de extranjeros. Quien pone en juicio el milagro de Berna está presuntamente cerca de una organización terrorista.

Spiegel ¿Cómo se explica el gozo histérico que desató aquí el título mundial de 1954?

Sloterdijk Esto tiene que ver ante todo con la intelectualización del fútbol. Desde que hay una cultura de masas se glorifica la cultura popular por completo. Esta investigación ha sido y se ha quedado en refugio para aquellos que sobrevivieron el neomarxismo y que tras su partida han buscado nuevos campos de trabajo. En el tema del fútbol puede uno de algún modo continuar siendo fiel al interés por el proletariado. Solo se tiene que formular interpretaciones de mayor calidad para eventos triviales.

Spiegel ¿Cómo recuerda 1954?

Sloterdijk Yo viví los días críticos cuando niño en Munich. Mi madre, a la que no le gustaba el fútbol para nada, me tomó un día de la mano y fue conmigo a toda prisa a la Prinzregentenstrasse, donde se mostraba el equipo alemán después de su triunfo en Berna. De ese modo ví a Fritz Walter con la copa. Cuando mi mamá me compelió a partir, sentí que algo no andaba bien en ella. Para ella era quizá una conexión con su tiempo en la liga de niñas alemanas, donde se tenía que desarrollar sentimientos de orgullo por el Estado. Por lo demás era ella la persona más apolítica con la que me he topado. Naturalmente, yo no había entendido nada, solo notaba que los adultos se comportaban de forma extraña y se hacían los entusiasmados por un motivo que me era completamente impenetrable.

Spiegel ¿Recibió más del título mundial de 1974?

Sloterdijk En aquel tiempo valía: „qué me importa la guerra de Vietnam si tengo problemas con el orgasmo“. Y esto se podía decir en relación a casi todo, también en relación con dramas futbolísticos. Spiegel No va pues a convertirse de ningún modo en verdadero fanático. Sloterdijk Temo que no. Lo único que me ha impresionado profundamente en el fútbol es la capacidad de los jóvenes jugadores de caer y volver a levantarse. Me parece apasionante.

Spiegel ¿Quiere ver faltas fuertes?

Sloterdijk No, solo ver como los hombres se levantan de nuevo. Me parece un manifiesto de la antigravitación. Cuando uno se vuelve más viejo y pesado, sabe uno como puede ser. En ocasiones caigo de la bicicleta y el esfuerzo de tener únicamente los pies en tierra es ya una ofensa cruel. Por eso siento gran respeto por este erguirse rápido de los jugadores caídos. Estos son momentos donde estoy interiormente completamente implicado. Caerse hace parte del juego, pero recién levantarse de nuevo lo convierte en maravilloso. Por eso me quejo de la atención médica obligatoria en el campo: un jugador golpeado, que todavía podría correr, tiene que dejarse llevar en una camilla. Horroroso.

Spiegel ¿No encaja con el cazador, cierto?

Sloterdijk Antes saltaban los jugadores de forma heroica hasta la orilla, ahora se los llevan de forma obligatoria, me parece un error.

Spiegel Señor Sloterdijk, le agradecemos por esta charla. Cf. http://www.spiegel.de/spiegel/print/d-47134766.html

Traducción reproducida desde http://elementospara.wordpress.com/2013/10/10/un-equipo-de-hermafroditas-peter-sloterdijk/

Peter hablando de la filosofía triste.