Geografías emocionales y trayectorias de movilidad. A propósito de las Neurosis de Clase (De Gaulejac)

Geografías emocionales y trayectorias de movilidad. Dos textos sugeridos para pensar estas cuestiones.

Insertarse en un campo de investigación que reclama a la vivencia y la trayectoria de vida como fuente para pensar fenómenos sociales, exige reflexiones de diverso orden y complejidad. Uno de los tantos elementos para la discusión lo aporta Bondi al exponer su propia experiencia de investigación. La académica de la Universidad de Edimburgo genera una reflexión que recurriendo al psicoanálisis explora las relaciones de transferencia y contratransferencia como fuente de saber y teorización. Se trata de un aporte que permite pensar la cuestión de la interpretación: ¿Cómo es posible saber cómo se siente otra persona?, recorriendo esa pregunta transita por el fenómeno de la empatía y la identificación, distinguiendo y señalando una tercera posición, esa en que es posible la reflexividad:

“I have argued for a conceptualisation of empathy that draws on the psychoanalytic concept of a “third position” through which an awareness of alterity is retained alongside the emotional insights afforded by unconscious processes of identification. This sense of alterity keeps to the fore limits of understanding”.

En particular, citando una actividad propia de investigación, Bondi instala preguntas del todo interesantes acerca de la somatización en quien escucha (resonancia corporal diríamos), esto es, indagar acerca de cómo los efectos inconscientes que se registran somáticamente a veces interrumpen o propician la propia capacidad de pensar.

Liz Bondi de la Universidad de Edimburgo, Escocia, señala que el campo de las geografías emocionales plantea cuestiones metodológicas difíciles sobre cómo los investigadores producen conocimiento acerca de los sentimientos de los demás.  Understanding feelings: Engaging with unconscious communication and embodied knowledge. 11 págs. DESCARGAR: Bondi, Liz (2014). Understanding feelings.  El articulo muestra cómo las ideas psicoanalíticas acerca de la comunicación inconsciente se pueden utilizar para ayudar a dar sentido a las dimensiones emocionales de las entrevistas de investigación y las narrativas que generan. Se presenta la idea de la “receptividad inconsciente”, que conecta con la construcción de la confianza y el concepto de relación. Bondi muestra cómo el embodied (cuerpo encarnado), así como la respuesta afectiva durante y después de la entrevista da pistas para la comprensión de las dimensiones emocionales de la narrativa del entrevistado. Este análisis contribuye a los debates metodológicos sobre la investigación de las geografías emocionales y en la discusión de los usos metodológicos del psicoanálisis en la investigación social. En lugar de interpretar metodologías psicoanalíticas como altamente especializadas e intrínsecamente diferentes a la práctica de investigación cualitativa genérica, trata de ilustrar su potencial en relación con formas críticas de reflexividad bien en sintonía con la comprensión sentida de experiencia.

Por otra parte, bien cabe hacer un vínculo con el trabajo especifico que Sam Friedman, utilizando entrevistas, explora en el ámbito de la movilidad social y el sufrimiento. La cuestión es, me parece, del todo pertinente para la discusión respecto a como los procesos de investigación en el ámbito de la vivencia plantean dificultades sobre lo que puede ser pensado y narrado (y la tarea del investigador allí, in situ). Sobretodo en ámbitos temáticos en donde hay una subjetividad en plena producción: “No he hablado de esto antes”.  Por ello, dicho en lenguaje psicoanalítico el análisis de la transferencia, con todo lo que ello pueda implicar en términos de dispositivos (supervisión, interanálisis, etc, como tareas del investigador) Ver: c-edward-watkins-jr-derek-l-milne-the-wiley-international-handbook-of-clinical-supervision-wiley-blackwell-2014, se hace necesario para atender a los diferentes registros y voces que pueden emerger en una conversación. Respecto a esto último, Bondi ofrece una buena referencia recurriendo a P Casement acerca de las intervenciones del entrevistador: “aquí y ahora”, el “allí y entonces” como historia de los patrones del analizado y el “allí y ahora” como la vida fuera del entorno de la entrevista.

“.. a “full” transference interpretation brings together three elements, namely the “here and now” relationship between clinician and analysand, the “there and then” history of the analysand’s patterns of relating and “there and now” concerns in the analysand’s life outside the clinical setting”.

Con todo, Bondi advierte sobre el riesgo de confusión al mezclar la dimensión terapéutica con lo propio de la investigación cualitativa. Con este marco de fondo resulta interesante pensar el trabajo de Friedman en lo que posee de hallazgo respecto a las huellas de sufrimiento que portan las personas que han transitado grandes distancias en el espacio social, se trata por tanto de un registro vivencial particular de la movilidad social que podría conectarse con lo que Gaulejac denomina “Neurosis de Clase“.   

Sam Friedman Assistant Professor in Sociology de la LSE de Londres plantea el estudio del Habitus clive  (habitus dividido) y las huellas emocionales de la movilidad social. “Habitus clive and the emotional imprint of social mobility”. 44 págs. DESCARGAR: Friedman, Sam. Habitus-clive_2016. Sobre la base de 39 entrevistas de trayectorias en ascenso extraídas del proyecto UK Cultural Capital and Social Exclusion Project (CCSE), este trabajo examina cómo impacta la movilidad en la vida psíquica y emocional del individuo. Más específicamente, se examina cómo la movilidad influye en las relaciones sociales, familiares e íntimas, así como la coherencia ontológica del ser. El concepto de Habitus Clive, se argumenta, ayuda a explicar cómo el arrastre (emotional pull) emocional de lealtades de clase puede enredar a los sujetos en las afinidades del pasado, y por qué – a pesar de la retórica política que prevalece – la movilidad ascendente puede seguir siendo un estado que no todo el mundo aspira de manera inequívoca. La “cuestión de la durabilidad de la habitus es probablemente el” mayor desafío frente al concepto. Tal vez la razón principal de esto es que rara vez  Bourdieu se involucra empíricamente con las condiciones exactas en las que es probable que se alteren, se ajuste y/o se interrumpa el habitus. Este artículo, dice el autor, está destinado a empezar a llenar este vacío empírico mediante el examen del habitus través del lente de la movilidad ascendente. Los datos revelan que la mutabilidad de habitus es fuertemente dependiente de la trayectoria de movilidad de una persona. La trayectoria no se refiere sólo al rango de movilidad ascendente, sino también a la velocidad y dirección de movimiento a través del espacio social, así como la combinación particular en una persona en relación a la clase, género y etnicidad. Mientras que los habitus que viajan a velocidades lentas, que cubren distancias cortas, y se desplazan hacia el cuadrante económicamente dominante del espacio social eran más propensos a promulgar improvisaciones psicológicamente lisas (psychologically smooth improvisations) tales trayectorias representaban una minoría clara entre mis entrevistados. En contraste, la mayoría tenía la movilidad experimentada como un paseo lleno de baches y claramente no lineal llena de momentos bruscos de histéresis. Entre los 10 entrevistados de  movilidad de largo alcance hacia arriba – el grupo más celebrado en la retórica política que prevalece – la movilidad había sido particularmente difícil. De hecho, la mayoría de estos individuos parecía poseer el mismo habitus fisura (cleft) tan vívidamente autodiagnosticada por Bourdieu en el período previo a su conferencia inaugural. En la mirada hacia arriba en el espacio social habitualmente se enfrentaron los sentimientos de inseguridad e inferioridad, y hacia abajo invariablemente se reunieron sentimientos de culpa, alejamiento y abandono. La movilidad, trajo consigo una serie de lesiones emocionales ocultas. Esto no quiere decir, señala Friedman, como algunos literatura previa ha sugerido (Stacey, 1967), que estos individuos eran gente infeliz o que sufran de trastornos psicológicos.  La mayoría de los entrevistados parecían estar luchando contra esta multitud de emociones valientemente probablemente ‘con éxito’.  La interpretación de este acto de malabarismo sería constitutivo de lo que Abrahams e Ingram (2013) denominó un “habitus camaleón ‘, esta capacidad de estar entre dos mundos “había dotado a muchos de los encuestados de una capacidad única para la reflexividad y el autoanálisis (Bourdieu et al, 1999: 511).

Esta información es más útil aún para ilustrar la profunda huella psicológica de la movilidad social. Ya sea gestionado con éxito o no, la conciliación de una gran variedad de emociones difíciles exige claramente una cantidad agotadora de trabajo mental, una carga que sólo se intensifica por el hecho de que esto era en gran medida una tarea solitaria. De hecho, se observó en las entrevistas, en muchos aspectos, un ejercicio algo catártico, poniendo de relieve muchos pensamientos y emociones que nunca habían expresado antes.

Sociológicamente, estos resultados tienen implicaciones en dos áreas principales. En primer lugar, para los que trabajan con la teoría bourdieusiana, el artículo pone de relieve los puntos fuertes y las limitaciones del pensamiento con el concepto de habitus. A pesar de los que han argumentado que la movilidad social se mantuvo en un área bastante undertheorised del análisis de Bourdieu (Lawler, 1997; Bennett, 2007) las narrativas descritas aquí demuestran cómo el habitus  puede ser útil como una herramienta teórica para ayudar a desmenuzar (unpick) diferentes iteraciones de la experiencia de movilidad.

En segundo lugar, los resultados muestran que en una carrera por afirmar un compromiso normativo con el aumento de la movilidad social, los políticos británicos e incluso algunos sociólogos, parecen haber pasado por alto las complejidades de la experiencia de movilidad. Aquí el análisis cualitativo profundo de Friedman revela que la movilidad ascendente no siempre puede ser tan francamente ‘beneficiosa’, sobre todo a un nivel individual, subjetivo. En efecto, examinada desde la lente del bienestar emocional y no sólo el logro simplemente económico o laboral, el “éxito” de la movilidad es incierto. Si bien la experiencia contemporánea de la movilidad ascendente implica beneficios indiscutibles en el capital económico y condición social, estos beneficios vienen a menudo con un precio psicológico considerable.

Síntesis:

Para la cuestión que nos atañe como interés: los asuntos metodológicos acerca de como se presenta el sufrimiento en una situación de entrevista y el lugar que el embodied (cuerpo encarnado) ocupa como fuente de conocimiento, el psicoanalisis ofrece un buen referente que puede sintetizarse, desde la mirada Bondi, en las posibilidades que ofrece el análisis de la transferencia y la contratransferencia, incluyendo el registro somático. Esto adquiere una relevancia particular en aquellos fenómenos de “frontera” que requieren tanto de un mirada sociológica como psicológica, o dicho en otros términos, de un enfoque transdicisplinar. El estudio de las vivencias y de las emociones posee ese carácter sobretodo si tal intersección (entre lo biográfico y social) se instala dentro de las grandes temáticas desarrolladas históricamente por la sociología como lo son las clases sociales y la movilidad social.

 

 

 

Abraham, Ingram. The chameleon habitus.

El caso de Annie Ernaux. En De Gaulejac. Neurosis de Clase. pags 137-154.

Taracena. Reseña neurosis de clase. 2015. pdf

Sam Friedman exponiendo estudio sobre barreras ocultas.

Las barreras ocultas, o “brecha salarial entre hombres y mujeres”, que impiden que las mujeres obtengan ingresos equivalentes para los hombres, están bien documentadas. Sin embargo, en esta charla demostramos que, en Gran Bretaña, también existe una “brecha salarial de origen de clase” comparable en las ocupaciones profesionales y gerenciales más altas. Encontramos que incluso cuando los de los antecedentes de la clase obrera tienen éxito en entrar en ocupaciones de alto estatus, ganan dieciséis por ciento menos, en promedio, que aquellos de antecedentes privilegiados. Esta brecha salarial de clase-origen se traduce en hasta £ 7.350 ($ 11.000) menores ganancias anuales.

Esta diferencia se explica en parte por la movilidad ascendente que se está empleando en las empresas más pequeñas y que trabajan fuera de Londres, pero sigue siendo sustancial incluso después de una variedad de importantes predictores de ingresos. Estos hallazgos ilustran cómo, incluso más allá de la entrada ocupacional, los socialmente móviles a menudo se enfrentan a una ganancia significativa y previamente no detectada “techo de clase” dentro de las ocupaciones de alto estatus.