El auge de lo comunitario y el destierro de lo común

Este Jueves 20 de abril, en la inauguración del año académico del Magister de Psicología Comunitaria de la Universidad de Chile 2017 nos enfrentamos a una pregunta paradójica, una inquietud que fue propuesta por Francisco Jeanneret: El auge de lo comunitario y el destierro de lo común.

Como parte de un buen inicio de año, el profesor Jeanneret nos invitó a pensar la trayectoria que ha seguido la Psicología Comunitaria junto a preguntas que nos podrían parecer inquietantes:  ¿Será que la proliferación de lo comunitario (algo ya necesario en las políticas públicas) podría estar desterrando lo común?. Parece ser que nadie duda de lo importancia de lo comunitario, sin embargo, cabe preguntarse:

¿Qué sería lo propio de la forma comunitaria?. ¿Qué es lo común?. ¿Es acaso la identidad?. Estas preguntas resultan pertinentes en cuanto a la necesidad de pensar el contenido de lo comunitario, el problema de la homogeneidad y el peligro de los totalitarismos, entre otras amenazas. Por ello, la temática a la que nos convoca el profesor Jeanneret resulta del todo pertinente con sus inquietudes. La pregunta por qué es y qué debiera ser lo comunitario es una reflexión que ha sido parte del trabajo de una serie de autores que han impugnado el concepto y la praxis del quehacer comunitario, no necesariamente desde la llamada Psicología Comunitaria como disciplina:  Luc Nancy, Espósito, Bauman, Agamben entre otros (todos mencionados por Francisco). El mismo profesional que aboga por promover lo comunitario debería enfrentarse de modo reflexivo a sus propios supuestos, he allí el desafío. ¿Será acaso la misma idea de comunidad con la que el profesional trabaja, un mito fundante que apela a la nostalgia de algo perdido?.  ¿Qué implicancias podría tener esta concepción?.

“La melancolía no es una enfermedad ocasional, un carácter contingente o un simple contenido de la comunidad, sino algo que la concierne mucho más intrínsecamente hasta constituir su forma misma”. (Espósito, Comunidad, inmunidad y biopolítica. pág 46).

Recibir el corazón de otro. De alguna manera el desafío que se nos presenta frente a esta idea de comunidad perdida o la nostalgia de ésta como mito fundante es pensar eso que llamamos otro (para ver/nos). Dicho de otro modo, pensar la diferencia y la homogeneidad en nuestra sociedad es una tarea imprescindible para construir lo común. Pues, estaríamos ante un escenario en que  la llamada política de la identidad  ha marcado una manera tradicional de hacer psicología comunitaria, promoviendo la grupalidad en quienes supuestamente tendrían los mismos intereses de acuerdo a la pertenencia a una categoría ( he allí el trabajo con jóvenes, mujeres, inmigrantes, etc.), no obstante, el efecto de este proceder podría ser la desinstalación simulada de las diferencias, cuestión que nos sitúa en el corazón del problema, la política. Por ello, pensar la diferencia para construir lo común parece ser la tarea, como lo señalaba Jean Luc Nancy al recibir un transplante de corazón. Literalmente: recibir el corazón de otro para vivir. Menuda experiencia. Entonces: ¿Quién es el otro?. ¿Dónde está?. ¿Acaso no somos todos “otros”?.

Yo (¿quién “yo”? esta es precisamente la pregunta, la vieja pregunta: cual es ese sujeto de la enunciación, siempre extraño al sujeto de cuyo enunciado es forzosamente el intruso y sin embargo forzosamente el motor, el embrague o el corazón) -yo, pues, recibí el corazón de otro, pronto se habrán cumplido diez años de esto. Me lo transplantaron. Mi propio corazón (todo es cuestión de lo “propio”, esta claro, o bien, no se trata de esto, y entonces no hay nada que entender, ningún misterio, ninguna pregunta siquiera: solo la simple evidencia de un transplante, como prefieren decir los médicos) -mi propio corazón, entonces, no funcionaba más por una razón que nunca se aclaró. Era necesario pues, para vivir, recibir el corazón de otro”. (Nancy. El Intruso. 46 pgs. 2000).

 

 

Uno de los aspectos que resulta de interés para pensar estas preguntas, se refiere a las críticas que la tradición de la Psicología Comunitaria ha recibido. La Psicología comunitaria actual enfrenta varios desafíos, por eso el texto de Horacio Foladori escrito hace 10 años y comentado en esta jornada resulta plenamente necesario (ver Foladori. ¿Existe-la-psicologia-comunitaria?) . Son cuestiones que interpelan la posición del psicólogo comunitario y sus enfoques con elementos críticos que permiten pensar su quehacer.

En la idea de psicología comunitaria  está  implícita y a veces explícita la idea de una ayuda….Cuando alguien quiere ayudar (Foladori 2002),  surgen algunas preguntas que es conveniente  formularse. Por ejemplo, ¿Por qué alguien querría ayudar (a un otro)? ¿Qué estructura – de dependencia – produce  como efecto la ayuda ?¿En qué lugar se coloca (con respecto a su deseo) aquel que quiere ayudar?  Para formularlo de manera más cruda ¿a qué  razones, impulsos, requerimientos internos, etc. , responde  aquel que  “necesita” ayudar?“. (Foladori, 2007).

Del mismo modo que preguntarse por la implicación y la transferencia (diríamos), la cuestión es: ¿Cómo se trabajan las diferencias de clase y el poder institucional desde la psicología comunitaria?. He aquí también otro punto a pensar.

Sobre el tratamiento de las diferencias sociales. La psicología comunitaria, en tanto pone el énfasis en lo “común”  comienza por borrar  toda diferencia  esencial. Aquí se presenta un problema metodológico: El trabajo psicológico se realiza siempre sobre una particularidad , lo que lleva implícito el asunto de las diferencias. La particularidad  no debe confundirse con  el individuo. Pueden existir otras particularidades  como  la familia, el grupo, la institución, etc. Pero entonces es necesario en cada caso, hacer referencia a la teoría que da cuenta de ella….(…) la psicología comunitaria borra y que me parece grave, tiene que ver con las diferencias sociales a pesar de que  su discurso pretenda todo lo contario“. (Foladori, 2007)

Comunidad suena como una palabra “cálida”, quién podría estar contra ella nos recuerda el profesor Jeanneret. En ese plano, Francisco nos invitaba a ver la intervención de Roberto Fontanarrosa en un Congreso de la Lengua en el 2004, para pensar la diferencia, ¿Qué hace que existan las malas palabras?. He allí una metáfora para pensar también lo común (y lo que queda afuera cuando decimos eso). En suma, he aquí varios elementos y aristas para pensar eso que llamamos comunidad en nuestras acciones y proyectos.

Mentira la verdad “El otro”. Programa completo:

Bibliografía

Agamben. Homo-Sacer. 133 pgs. 1995. pdf.

Duran. La cuestion de lo social como forma gubernamental. Sobre Nikolas Rose. 2013. pdf.

Esposito, R. Libro-Comunidad-Inmunidad-y-Biopolitica.

Esposito-Roberto. Bios-Biopolitica-e-Filosofia. 232 pgs. 2004. pdf.

Foladori. La intervención institucional.310 pgs.

Foladori. Existe-la-psicologia-comunitaria

Kaes y otros. La institución y las instituciones.

Nancy. La-comunidad-inoperante. 131 pgs. 2000.

Nancy. El Intruso. 46 pgs. 2000.

Rose. La muerte de los social-re-configuracion del territorio de gobierno. 41 pgs. 2007. pdf.

Discusiones-en-Psicologia-Comunitaria-Jaime-Alfaro. PSICOLOGIA COMUNITARIA.

Manual-de-Psicologia-Comunitaria.PSICOLOGIA COMUNITARIA.

Psicologia de la intervención Comunitaria.PSICOLOGIA COMUNITARIA.

Introduccion-PC-Musitu.PSICOLOGIA COMUNITARIA.