Implicación en ciencias sociales. Ni miopía ni presbicia

Notas de Traducción (M. Astorga) sobre “Implication” de Gilles Amado. En Barus-Michel J.; Enriquez, E.; Lévy, A. Vocabulaire de psychosociologie, références et positions, Paris, Érès, 2002.  El original en francés al final de este documento.

La implicación es fuente de conocimiento y de desconocimiento e ignorancia a la vez. A primera vista, la implicación parece referirse al compromiso, la responsabilidad, la subjetividad y la intersubjetividad. Desde un punto de vista etimológico: implicación posee una raíz latina: plicare, que significa doblado o plegado. Ocurre que en lo doblado o plegado, lo interior no es visible o perceptible aunque esté ahí. En otra versión, complementaria, implicación conlleva el verbo: plectere= entrelazado. La implicación, para Michel Bataille (Amado, 2002)  “connotaría el compromiso con la complejidad, con el riesgo de atascarse en el entrelazado, de ahogarse en un enredo que no se puede desentrañar, precisamente porque uno es atrapado”. Esto parece definir, de muchas maneras, la posición del psicosociólogo: comprometido con la complejidad, corre el riesgo de perderse. Debería agregarse que al permanecer completamente fuera de esta complejidad, es poco probable que la aproveche. Edgar Morin va a señalar al respecto, que el mayor progreso de la ciencia contemporánea se ha logrado gracias a la reintegración del observador en la observación. Sus afectos, sus representaciones, sus valores, su ideología, el investigador en las ciencias sociales, especialmente el psicólogo social, los lleva en él y en sus ojos, le guste o no. Lo que interesa aquí al investigador en ciencias sociales, es pensar la afirmación de Freud de que hay elementos transferenciales más o menos en cada relación humana.

Devereux es sin duda el que llegó más lejos en la valoración de la contratransferencia como motor de búsqueda. Para Devereux sería la falta de consideración y análisis de las ansiedades del investigador lo que conduciría a enfoques metodológicos erróneos o defensivos. Dejar de lado lo que “le pasa” al investigador es un grave error, porque cuando las inevitables perturbaciones de la subjetividad son “consideradas como datos fundamentales y característicos de las ciencias del comportamiento”, estas resultan “más valiosas y más capaces de producir insights” que cualquier otro tipo de datos “(Devereux, p.16). El análisis de la contratransferencia es, pues, la fuente de los descubrimientos más fértiles, como lo demostraría, entre otras cosas, el autoanálisis de Freux (véase Béjarano, 1976).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La banda de Möbius del ilustrador Adam Pekalski. Un perro persiguiendo un conejo sobre una banda de formulas matemáticas. Ilustración para un libro de matemáticas en Polonia.

La contra-transferencia en sí se puede ver en el campo más amplio de fenómenos de resonancia. La resonancia intrapsíquica (que desencadena un evento, una sensación, una palabra …), que permanece individual o que se comparte, indica una “inversión” específica. Es el testimonio vivo de implicaciones a veces fugaces, cuyo significado puede permanecer opaco.

El fenómeno de los rumores nos ayuda a entender parte del fenómeno de la implicación, el rumor puede entenderse como una cadena de resonancias subjetivas donde cada vínculo está involucrado “a pesar” de él. Las distorsiones experimentadas por la información inicial, a lo largo de la cadena de transmisión, provienen de proyecciones individuales vinculadas a una resonancia específica. Del mismo modo, la resonancia del grupo fantasmático está vinculada a tipos más o menos inconscientes de estimulación mutua (Anzieu, 1975).

La implicación debe ser aprehendida a la luz del sistema social en el cual toma lugar. Este es el significado de las reflexiones iniciadas en particular por el análisis institucional. Jacques Ardoino (1983) hizo hincapié en la distinción necesaria entre “implicaciones libidinales”, relacionadas a impulsos, fantasías de la vida psíquica, y las “implicaciones” institucionales”, socio-económico-político, relacionadas con estatutos, afiliaciones e ideologías. Incluso, René Barbier (1977) diferencia tres niveles de implicación: psicoemocional, historico-existencial, structuroprofessional. René Lourau (1983), por su parte, mostró los límites de cierto análisis en el vacío contra-transferencial.

Entre la empatía y la sospecha.

Debe de haber algo de simpatía por las cosas que estudiamos si queremos entenderlas. “La implicación no se concibe sin simpatía y sin distancia “, apunta Eugéne Enríquez (2001) de esta misma manera, y es precisamente la naturaleza de esta proximidad y la distancia “justa” a objeto (entre la miopía y la presbicia) lo que constituye la mayor dificultad en la implicación psicosociológica.

Miopía: Anomalía o defecto del ojo que produce una visión borrosa o poco clara de los objetos lejanos; se debe a una curvatura excesiva del cristalino que hace que las imágenes de los objetos se formen un poco antes de llegar a la retina.

Presbicia: Anomalía o defecto del ojo que consiste en la imposibilidad de ver con claridad los objetos próximos y que se debe a la rigidez del cristalino.

Resultado de imagen para cristalino del ojo presbicia

Los psicosociólogos, necesitan lugares de supervisión para tratar de entender, si no para controlar, las intrincadas sutiles entre su propia subjetividad y el contexto en el que ellos intervienen.

Ser empático es percibir el mundo interno del otro como si nosotros fuéramos él, pero sin perder la condición “Como si” (es decir, sin salir nunca, con un cierto descentramiento). De lo contrario, puede ser simpatía, identificación. Si bien todos los terapeutas, independientemente del alcance de sus intervenciones, reconocen la empatía en el corazón de su práctica, muchos son conscientes de los límites de esta noción. La implicación “auténtica” sería, por lo tanto, siempre sospechosa. Lo mismo se aplicaría a la investigación no directiva, que Bourdieu desafió cada vez que tuvo la oportunidad, y más claramente en el último capítulo de La miseria del mundo.

Esta forma de implicación, a la vez consciente, voluntaria y controlada, se encuentra (al menos en su ideal) por algunos analistas institucionales que han hecho que la puesta en escena de sus propias emociones desencadene el análisis social ( Lapassade, 1979). Para Max Pagés (1977), la implicación emocional se concibe como una fuente de conocimiento de uno mismo y como una condición para el trabajo teórico fructífero. Pero el riesgo también existe -muchos son los aprendices de hechicero en esta área- respecto a una fetichización de la implicación, de un deseo de tener más o menos control de una excitación del afecto en una especie de tiranía de lo vivido que a menudo enmascara el vacío de referentes teóricos y éticos como competencia clínica.

La psicosociología y los psicosociólogos deben abordar la implicación, aspecto central en su práctica, mediante un trabajo autocrítico, garante de una determinada ética tanto como plan de saber como de acción.

Bibliografia implicación.

Amado. Gilles. Implication. Barus Michel. Vocabulaire de psicosociolgia. 2002

Devereux.De la Ansiedad al metodo en las ciencias del comportamiento. 204 pgs.

Max Pagès. L’implication dans les sciences humaines Une clinique de la complexité. L’Harmattan, 2006.

 

Bibliographie AMADO.

AMADO. G. 1994. « La résonance psychosociale, au cœur de la vie et de la mort », Revue internationale de psychosociologie vol. 1, n° 1 p. 87-94.

ANZIEU D. et al. 1973. Le travail psychanalytique dans les groupes, Paris, Dunod. ANZIEU D. 1975. Le groupe et l’inconscient, Paris, Dunod.

ARDOINO, J. 1987. « Polysémie de l’implication », Pour, n° 88, Paris, Payot, p.19-22. BALINT, M. 1960. Le médecin, son malade et la maladie, Paris, Payot.

BARBIER. R. 1977. La recherche-action dans l’institution éducative, Paris, Bordas. BATAILLE, M. 1983. « Implication et explication », Pour, n° 88, mars-avril, Paris, Payot.

BATESON, M. C. 1998. With a daughter’s eye, William Morrowalo, New York, trad. Fr : Regard sur mes parents, Paris, Le Seuil, 1989.

BEAUVOIS, J.-L., JOULE, R, V. 1987. Petit traité de manipulation à l’usage des honnêtes gens, Grenoble, Presses de l’Université de Grenoble.

BÉJARANO, A. 1976, « L’analyse du contre-transfert comme source de créativité », dans R. Kaës et coll., Désir de former et formation du savoir, Paris, Dunod p. 47-61.

BOURDIEU, P. (sous la direction de) 1999. La misère du monde, Paris, Le Seuil.

CASTORIADIS, C. 1996. La montée de l’insignifiance, 374 Vocabulaire de psychosociologie Paris Le Seuil.

CYRULNIK, B. 1999. Un merveilleux malheur, Paris, Odile Jacob.

D’ESPAGNAT, B, 1999. « La physique quantique ou la fin de la vision mécaniste de l’univers », dans L’homme face à la science, Paris Critérion. p, 59-74. DEVEREUX, G. 1980. De l’angoisse à la méthode dans les sciences du comportement, Paris, Flammarion.

DUBOST, J. 2001. « Réflexions sur le passé de la recherche-action et son actualité », Revue internationale de psychosociologie, n° 16-17.

EHRENBERG, A. 1998. La fatigue d’être soi, Paris, Odile Jacob. ELIAS, N. 1993 Engagement et distanciation, Paris, Fayard.

ENRIQUEZ, E. 2001. « Implication et distance », Les cahiers du l’implication.

ERIKSON, E. 1964. « On the nature of clinical evidence », Insight and responsibility, New-York, Norton; trad. fr. : Éthique et psychanalyse, Paris Flammarion, 1971.

FREUD, S. 1929. Ma vie et la psychanalyse, Paris, Gallimard, 1919.

KOHN, R.C. 1985-1986. « La recherche par les praticiens : l’implication comme mode de production de connaissances », Bulletin de psychologie, Tome XXXIX, n° 377, p. 817-826.

LAPASSAGE, G. 1970. Groupes, organisations et institutions, Paris, Gauthier-Villars.

LAPASSADE, G. 1979. L’autobiographie, Paris, Ducoulot.

LAPLANCHE, J ; PONTALIS, J.-B. 1958. Vocabulaire de la psychanalyse, Paris,

PUF. LÉVY, A. 1997. « Analyse critique du groupe d’évolution et ses développement récents », Connexions, n° 1-2 Toulouse, érès, p. 13.42.

LEWIN, K. 1959. Psychologie dynamique, Paris.

PUF. LOURAU, R. 1982. « Genèse du concept d’implication », Pour, n° 88, p. 14-18.

MENDEL, G. 2000. L’acte est une aventure, Paris, La Découverte. Pagès, M. 1977. Le travail amoureux, Paris, Dunod. Rogers, C. 1967. Le développement de la personne, Paris, Dunod. Trist, E, ; Murray, H. 1990. The social engagement of social science, a Tavistock anthology, Philadelphia, University of Pennsylvania Press.

VINCENT, J. 2000. Analyse de l’énonciation de l’interviewé et de l’implication du sociologue. Mémoire pour l’habilitation à diriger des recherches. Université d’Evry.

WEBER, M. 1951. Gesammelte Aufsätze zur Wissenschaftslehre, Tübingen, Mohr, trad.fr. : Essais sur la théorie des sciences, Paris, Plon, 1965.

OTROS:

 

Etnografias y autoetnografías.

Geografías emocionales y trayectorias de movilidad. A propósito de las Neurosis de Clase (De Gaulejac)

http://mastor.cl/blog/2017/02/sociologia-clinica-teoria-y-accion-social/