Salud Mental Universitaria

Este martes 6 de agosto de 2019 se llevó a efecto la primera jornada sobre salud mental universitaria y varios fueron los trabajos presentados articulando salud mental, malestar, género y exclusión.

La gravedad del problema de la salud mental en nuestro país invita a tratar ampliamente una temática que fue abordada por una decena de trabajos provenientes de varias universidades.

Dejamos aquí los audios de la mañana y algunas reflexiones.

Audio 10 a 12 hrs.

Audio 12 a 13.30.

De qué hablamos cuando hablamos de salud mental. Las palabras introductorias de este encuentro nos invitan a pensar, con sospecha, sobre la incapacidad de nombrar lo que nos pasa (Sonia Perez),  tópico que es compartido por al menos dos expositores, señalando cómo el malestar (esa incomodidad indefinible) es expresada en la gramática de la salud mental (Alvaro Jiménez), situación que habría sido llevada al primer plano desde el movimiento estudiantil sintonizando con el discurso de la sobrecarga (que en lo universitario tomaría la forma académica), pues “que chileno no se queja de la sobrecarga hoy?”. 

Antes del positivismo. Nombrar lo que nos pasa como sociedad, plantea un primer eje de análisis para la jornada. Se hace necesario detenerse -antes de lo metodológico y temático abordado en las ponencias que siguieron- . No porque lo que allí vemos no sea relevante, lo es!. Tenemos un 5,1% de ideación suicida activa presente en los estudiantes de nuestro sistema universitario (Barrera, 2019), 1 de cada 20 estudiantes!. 

Lo que da que pensar es ese repertorio interpretativo, ese diccionario para referir y hacernos hablar de un mundo de vida, en este caso universitario. Universidades, en unas más que en otras, se encuentran las diferentes clases sociales relacionándose. Así la pista es señalar que el problema no es la sobrecarga, si no de relaciones humanas, en la que faltarían claves de lectura para comprender lo que le pasa al otro, como nos contaba Sonia Perez. 

Las experiencias de injusticia. El lenguaje de la salud mental goza de legitimidad y validez, pero para pensar la comunidad, y no solo los individuos afectados en lo que se suele inscribir como problema de salud mental, se hace necesaria la noción de injusticia. La justicia es el tercer término ausente en la relación salud mental-malestar en el espacio universitario y en la sociedad en su conjunto. ¿Qué es lo que cambia al incorporar este tercer término?. Lo que ingresa es una palabra prohibida e incómoda de la postdictadura, que no sitúa el problema en el plano de la desgracia pasiva, si no en el de la polis que queremos (invitando a abordar su complejidad, -igualdad, mérito, autonomía-) cuando el sentimiento de injusticia es acompañado de un repertorio interpretativo. Se trata de una palabra incómoda, ¿pues quien podría definir qué es lo justo? sobretodo en un orden neoliberal y autoritario?. Con ello nos queda claro que no basta una judicialización o sumariación que desplace el problema hacia lo legal administrativo. La injusticia señala y demanda una experiencia de reconocimiento de la comunidad en la cual sea posible transmutar hacia una relación positiva con uno mismo. Pues en las experiencias de injusticia lo que está en juego es la demanda por otro orden, un nuevo orden en la cual la identidad y el valor que la comunidad nos atribuye se modifique . ¿Cómo transformar la gramática de la salud mental en una gramática de la justicia?.