Hongos de la Reserva Magallanes: nombres, formas y lo que revelan del bosque
La ciencia ciudadana se ha consolidado en las últimas décadas como un conjunto de prácticas orientadas no solo a la producción de datos científicos, sino a la movilización del conocimiento entre ciencia, territorio y sociedad, particularmente en ámbitos como biodiversidad, ecología y monitoreo ambiental (Bonney et al., 2015a; Bonney et al., 2015b; Turrini et al., 2018; Austen et al., 2024). Desde este enfoque, la participación de personas no expertas resulta relevante no únicamente por ampliar la cobertura espacial o temporal de los registros, sino porque permite que el conocimiento científico circule, se traduzca y se reinscriba en contextos locales, influyendo en prácticas de aprendizaje, gestión ambiental y relación con los ecosistemas (Strasser et al., 2018; Collins et al., 2022; Mulwanda et al., 2025). En ecosistemas subantárticos, esta movilización adquiere especial pertinencia en relación con el reino Fungi, un grupo biológico fundamental para el funcionamiento del bosque, pero históricamente subrepresentado en inventarios, políticas de conservación y narrativas públicas sobre biodiversidad.
Haelewaters et al. (2024) aportan evidencia empírica clara de la magnitud del déficit de conocimiento sobre el reino Fungi y del rol efectivo que la ciencia ciudadana ya cumple en su reducción. Los autores señalan que, aunque se estima la existencia de alrededor de 2,5 millones de especies de hongos a nivel global, solo entre 150.000 y 160.000 han sido descritas formalmente, lo que implica que más del 90 % de la diversidad fúngica permanece fuera de los marcos taxonómicos y de conservación vigentes.
En nuestro territorio el diagnóstico elaborado por Sánchez-Jardón et al. (2021) «Fungal literature records database of the sub-Antarctic Region of Aysén, Chile» evidencia que el conocimiento disponible sobre hongos subantárticos es fragmentario, disperso y territorialmente desigual, no como reflejo de una baja diversidad biológica, sino como resultado de limitaciones estructurales en los procesos de investigación, escasez de especialistas, dificultad de acceso a zonas remotas, los altos costos del muestreo científico y la fragmentación institucional de la información. Esta subrepresentación tiene consecuencias directas, ya que aquello que no se registra difícilmente ingresa a los inventarios de biodiversidad, a las evaluaciones ecológicas o a las prioridades de conservación, relegando a los hongos a un lugar marginal en las políticas ambientales, pese a su rol central en el funcionamiento de los ecosistemas forestales subantarticos.
Caja de Herramientas de Geoportal.
Ciencia ciudadana y participación comunitaria.
Este escenario dialoga directamente con los debates centrales de la ciencia ciudadana, en particular con la tipología de niveles de participación propuesta por Haklay (2013; 2017), que subraya que la movilización del conocimiento no depende solo de la apertura de datos, sino del grado de agencia que tienen las personas para observar, interpretar y dar sentido a la biodiversidad en su propio territorio. Haklay distingue entre (i) participación contributiva, enfocada en la recolección de datos; (ii) participación colaborativa, donde los ciudadanos aportan también a la interpretación; (iii) ciencia ciudadana co-creada, que incorpora a las comunidades en la definición de preguntas y métodos; y (iv) ciencia ciudadana radical asociada a procesos bottom-up y control comunitario del conocimiento (Haklay, 2013; Haklay, 2017).
La gradación a la que refiere Haklay permite comprender que la movilización del conocimiento no depende solo de cuántas personas participan, sino de cómo se configuran las relaciones entre experiencia, observación y validación científica, cuestión particularmente relevante para iniciativas que invitan a caminar el bosque, detenerse frente a un tronco o al borde de un sendero, observar con atención el reino fungi, registrar en una aplicación y contribuir a una base de datos colectiva que articula ciencia, aprendizaje y territorio (Bonney et al., 2015b; Turrini et al., 2018; Brandt et al., 2022).
Una entrevista a M. Haklay Professor of Geographical Information Science, University College London, sobre ciencia ciudadana.
En este marco, prácticas situadas como las caminatas y expediciones micológicas comunitarias permiten extender los esfuerzos de sistematización existentes hacia procesos de aprendizaje situado, apropiación del conocimiento y reconfiguración de la relación sociedad–bosque, articulando experiencia corporal, observación ecológica y producción colectiva de conocimiento.
Un modelo ideal de caminata. Diseñado por MAstorga con apoyo IA.
El registro ciudadano levantado en la Reserva Magallanes este año 2025 en el marco del proyecto NODO SUBANTARTICO permite reconocer un conjunto de hongos que, aunque diversos en forma y tamaño, pueden leerse como seis tipos funcionales que sostienen el bosque subantártico desde distintos planos. Nombrarlos y verlos no es un gesto menor: poner nombre y rostro a estos organismos permite comprender qué procesos ecológicos están ocurriendo bajo nuestros pies cuando caminamos por la reserva.
A continuación una clasificación de los registros realizados en la Reserva de Magallanes.
Hongos micorrícicos del bosque (Cortinarius spp.)
Imagen referencial
Entre los hongos más reconocibles de este bosque austral se encuentran especies del género Cortinarius, algunas de las cuales han sido registradas en el territorio regional y en ambientes comparables al de la Reserva Magallanes. Se trata de hongos micorrícicos, asociados íntimamente a las raíces de los árboles. Lo que aparece en superficie es solo el cuerpo fructífero; la mayor parte del organismo vive bajo tierra, formando redes que facilitan el intercambio de nutrientes y agua entre el suelo y los árboles. La presencia de este tipo de hongos indica bosques funcionales, con suelos biológicamente activos y relaciones de cooperación subterránea que refuerzan la resiliencia del ecosistema.
2. Hongos saprotróficos de suelo y hojarasca (Clitocybe sp., Mycena pura)
En el registro de la Reserva Magallanes aparecen hongos como Clitocybe sp., conocido localmente como “hongo flor”, y Mycena pura, una pequeña especie de tonos violáceos. Ambos crecen sobre la hojarasca y el suelo rico en materia orgánica. Estos hongos cumplen una función esencial: descomponen hojas y restos vegetales, transformándolos en nutrientes disponibles para el bosque. Su presencia sugiere que el suelo mantiene humedad, estructura y acumulación orgánica, y que no ha sido sometido a limpiezas intensivas. En ecosistemas subantárticos, donde los procesos son lentos, estos hongos son señales claras de continuidad ecológica.
3. Hongos descomponedores de madera muerta (Hypholoma sp., Aleurodiscus vitellinus)
Otro grupo relevante corresponde a hongos que crecen directamente sobre madera en descomposición, como Hypholoma sp. y Aleurodiscus vitellinus. Algunos forman racimos visibles, mientras otros aparecen como capas discretas adheridas a troncos y ramas. Estos hongos son responsables de degradar lignina y celulosa, permitiendo que la madera vuelva lentamente al suelo. Su presencia indica que la Reserva Magallanes conserva troncos muertos y ramas caídas, elementos fundamentales para la biodiversidad y, a menudo, erróneamente considerados como “desorden”.
4. Hongos del suelo productores de esporas (Lycoperdon perlatum)
El conocido “pedo de lobo”, Lycoperdon perlatum, también figura en el registro. Este hongo globoso cumple una función estratégica en la dispersión masiva de esporas, contribuyendo a la expansión y persistencia de las comunidades fúngicas. Aparece en suelos aireados y con buena cobertura orgánica, por lo que su presencia indica suelos estructuralmente sanos, no compactados, capaces de sostener vida subterránea diversa.
5. Hongos políporos de descomposición lenta (Polyporales indet.)
En troncos de mayor tamaño se observaron políporos, hongos de cuerpo duro y persistente, pertenecientes al orden Polyporales. Estos organismos realizan procesos de descomposición lenta, que pueden extenderse por meses o años. Su presencia revela tiempos ecológicos largos, característicos de bosques australes, y sugiere que el ecosistema no ha sido sometido a perturbaciones recientes de alta intensidad.
6. Hongos observados pero no identificados (“hongo café”, “hongo rosado”, “hongo copa”)
Finalmente, el registro incluye hongos descritos de manera general, sin identificación taxonómica precisa. Estas observaciones no representan un vacío, sino una evidencia concreta de diversidad fúngica aún no caracterizada. Desde el punto de vista funcional, es muy probable que estos hongos participen en la descomposición del suelo o de la madera, sosteniendo los mismos procesos que los grupos mejor conocidos. Su presencia recuerda que el conocimiento científico siempre va por detrás de la vida que observa.
Una lectura integrada del bosque
Nombrados y observados en conjunto, estos hongos muestran que la Reserva Magallanes es un bosque vivo, sostenido por redes subterráneas, ciclos lentos de descomposición y suelos activos. Las fotografías permiten reconocer formas; los nombres permiten comprender funciones; y el registro ciudadano permite conectar ambos planos. Así, el bosque deja de ser solo un paisaje y se vuelve un sistema en funcionamiento, donde los hongos actúan como verdaderos ingenieros ecológicos.
BIBLIOGRAFIA
Austen, K., Janssen, A., Wittmayer, J. M., & Hölker, F. (2024). The potential of citizen science to transform science: Lessons for a sustainable future. People and Nature, 6, 435–445. https://doi.org/10.1002/pan3.10614
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Bonney, R., Phillips, T. B., Ballard, H. L., & Enck, J. W. (2015). Can citizen science enhance public understanding of science? Public Understanding of Science, 25(1), 2–16.
Collins, S. A., Sullivan, M., & Bray, H. J. (2022). Exploring scientists’ perceptions of citizen science for public engagement with science. Journal of Science Communication, 21(07), A01. https://doi.org/10.22323/2.21070201
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Haelewaters, D., Quandt, C. A., Bartrop, L., Cazabonne, J., Crockatt, M. E., Cunha, S. P., De Lange, R., Dominici, L., Douglas, B., Drechsler-Santos, E. R., Heilmann-Clausen, J., Irga, P. J., Jakob, S., Lofgren, L., Martin, T. E., Muchane, M. N., Stallman, J. K., Verbeken, A., Walker, A. K., & Gonçalves, S. C. (2024). The power of citizen science to advance fungal conservation. Conservation Letters, 17(3), e13013. https://doi.org/10.1111/conl.13013
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Sánchez-Jardón, L., del Río-Hortega, L., Núñez-Cea, N., Mingarro, M., Manubens, P., Zambrano, S., & Acosta-Gallo, B. (2021). Fungal literature records database of the sub-Antarctic region of Aysén, Chile. Biodiversity Data Journal, 9, e77139. https://doi.org/10.3897/BDJ.9.e77139