Turismo y ciencia en Antártica. Valdivia 31 de julio 2025

El simposio del 31 de julio reunió diversas voces expertas para discutir los desafíos y oportunidades que plantea el aumento de la presencia humana en la Antártica, con especial foco en el turismo, la ciencia y el cambio climático.
PONENCIA 1. Dr. Edgardo Vega, Fundación Antártica 21.

1. Tesis inicial: el impacto humano no se resuelve solo regulando el turismo
Vega parte cuestionando la idea de que restringir la presencia humana en la Antártica resolvería los impactos ambientales del continente. Propone una mirada más amplia que sitúe el origen del problema en los centros urbanos globales.
“Es una ilusión asumir que al prohibir o restringir la presencia humana en la Antártica, el impacto antrópico sobre la Antártica quedará resuelto (…). El gran problema lo tenemos en Valdivia, en Punta Arenas, en Concepción, en Washington, en Beijing, en Londres, en Madrid.”
2. Propuesta conceptual: del “footprint” al “soul print”
Introduce la idea del “soul print” como una huella positiva que puede dejar la actividad turística si se orienta a la educación, la conciencia ambiental y la colaboración científica.
“Mientras se reduce ese footprint ambiental, es posible incrementar lo que hemos denominado el soul (…). El turista tiene el potencial de apoyar el desarrollo de iniciativas educativas, culturales, científicas y de conservación”
3. Acciones y programas de Fundación Antártica 21
3.1 Educación y cultura
- Juego de cartas “Ilan”: Biodiversidad antártica, con premios que incluyen viajes reales a la Antártica.
- Nuevo programa escolar en Punta Arenas: Actividades tipo “expedición educativa” con kits de exploración y desafíos interdisciplinarios.
- Encuentro musical con Pilar Delgado: Fusión entre música y exploración antártica con estudiantes de 9 a 12 años.
“Cada estudiante es un explorador y cada profesor es un líder de expedición”
- Publicaciones: Primer libro de fotografía y próximamente un libro sobre Isla Decepción.
3.2 Artes escénicas y patrimonio
- Obra de teatro musical sobre Shackleton (“Smoking Concert”), presentada en diversas ciudades de Magallanes.
“Fue muy muy linda. Excelente elenco, excelente presentación, excelente rememoración del Endurance” [Público de Puerto Natales]
3.3 Museografía y tecnología
- Uso de inteligencia artificial para enriquecer las “Huellas Antárticas” de INACH.
- Convenio con artista chileno patrocinado por Runway para generar contenido visual antártico con IA generativa.
4. Ciencia ciudadana y colaboración logística
4.1 Plataformas de oportunidad para la ciencia
Antártica 21 propone usar sus rutas logísticas como plataformas para recopilación de datos oceanográficos y medioambientales:
“Este es turismo que aprovecha el tiempo y los espacios para hacer ciencia. No es un buque de ciencia, es un buque de turismo, pero que aprovecha el espacio.”
- Colaboraciones ya activas: U. de Concepción, Ideal, y próximamente British Columbia.
- Solicitud de permisos a INACH y Cancillería para toma de muestras de suelo en sitios turísticos.
4.2 Evaluación del impacto ambiental
Reconocimiento de la necesidad de evaluar las propias actividades:
“¿Por qué una empresa evalúa el impacto ambiental que genera la actividad? Porque tenemos la expectativa de ser la mejor empresa de turismo antártico del mundo”.
5. Innovación en transporte: barco híbrido
Se presentó el nuevo barco híbrido que se construye en Punta Arenas:
- Primer barco turístico híbrido de América, con motores eléctricos, recuperación de calores residuales y operación en modo 100% eléctrico.
- Será carbono neutral, con espacios dedicados a laboratorios científico-turísticos (húmedo y seco).
“Este es el primer barco chileno de turismo (…) híbrido, pero que además va a tener 25 o 30 m² de un laboratorio húmedo y 25 o 30 m² de un laboratorio seco.”

6. Cierre: una visión integradora
La intervención de Vega propone que el turismo antártico puede ser un aliado en la educación ambiental, la ciencia participativa y el desarrollo cultural, siempre que se asuma con responsabilidad y colaboración.

PONENCIA 2. Ricardo Giesceke. Abriendo rutas para la ciencia: plataformas de oportunidad

Una de las exposiciones, a cargo del Dr. R. Giesceke, especialista en oceanografía, abordó las dificultades logísticas de la investigación marina en regiones remotas como Magallanes y la Antártica. Enfatizó el potencial de los “buques de oportunidad” —embarques no científicos como cruceros, ferries o yates— para instalar sensores y monitorear el medio marino de forma costo-efectiva, escalable y continua. Casos como el uso del ferry a Puerto Williams permitieron detectar fenómenos inesperados como emanaciones naturales de petróleo en el Estrecho de Magallanes y procesos asociados a glaciares inestables en el canal Beagle.
Uno de los puntos más notables fue la reflexión sobre cómo estas tecnologías —gliders, sensores protegidos, protocolos de limpieza automatizada— están cambiando el paradigma del monitoreo marino, permitiendo, por ejemplo, detectar “sumideros” o “fuentes” de CO₂ y vincular estos hallazgos con procesos globales de cambio climático.
PONENCIA 3. Dra. Marely Cuba: semillas que viajan, riesgos que crecen

Otra intervención, a cargo de la botánica Marely Cuba, centró la atención en un aspecto menos visibilizado de la Antártica: la llegada de especies vegetales invasoras a través del suelo, el viento o las actividades humanas. En su exposición, advirtió que el cambio climático está generando condiciones propicias para que plantas no nativas se establezcan, afectando un ecosistema terrestre frágil y escasamente diverso.
Mediante monitoreos comparativos realizados en 2015 y 2024 —muchos de ellos impulsados por estudiantes de pregrado—, su equipo ha detectado un aumento en el número y diversidad de familias botánicas presentes, incluyendo pólenes y semillas de especies consideradas invasoras en otras regiones subantárticas.
“Si hay polen en suelo superficial es por algo”, subrayó, alertando que algunas de estas especies han sido encontradas incluso en zonas con poca afluencia turística, lo que revela que la introducción no depende únicamente del turismo, sino también de la ciencia y la logística.
Su propuesta fue clara: desarrollar protocolos de bioseguridad participativos e inclusivos, aprovechando las plataformas turísticas como oportunidad para el monitoreo, la educación ambiental y la corresponsabilidad.
“Proteger a la Antártica es tarea de todos… no solo de los científicos, los logísticos o los turistas.”
PONENCIA 4. Angélica Casanova: la complejidad de los impactos

Otra ponencia, presentada por la investigadora Angélica Casanova, profundizó en una mirada crítica y sistémica del impacto humano en la Antártica. Desde el fenómeno de las olas de calor en suelo antártico, hasta los efectos acumulativos del turismo, la logística y la infraestructura científica, Casanova planteó que la fragilidad de los ecosistemas polares no puede ser atribuida a un solo agente.
“¿Es realmente el turismo el causante de esto?”, se preguntó, para luego mostrar que la actividad científica y logística también genera perturbaciones significativas, incluyendo presencia de microplásticos y alteraciones en la fauna bentónica.

Criticó la falta de datos cuantitativos y de monitoreos de largo plazo, así como la escasa inclusión de los impactos terrestres —como el pisoteo de vegetación o el tránsito por rutas sensibles— en las guías de visita antárticas, muchas de las cuales no han sido actualizadas desde 2018.

También resaltó los límites estructurales del sistema de gobernanza actual:
“El Tratado Antártico requiere consenso para todas las decisiones. Si un solo país no está de acuerdo, no se puede avanzar. Eso bloquea incluso medidas urgentes de protección”.
Cerró su intervención con ejemplos concretos de la base ucraniana Vernadsky, que ha impuesto límites de velocidad a los botes, control de anclajes, rutas de navegación y un máximo de tres yates por día, en un modelo de autoregulación científica y comunitaria que podría inspirar a otros países.
4. Intervenciones finales: ciencia, gobernanza y desigualdades

En la ronda de preguntas y comentarios, se abordaron diversos puntos:
- Se contrastó el número de científicos y turistas en la Antártica, reconociendo que aunque los turistas son más numerosos, los científicos pasan más tiempo y visitan zonas más frágiles, lo que no los exime de responsabilidad ambiental.
- Marcelo Gonzàlez planteó una paradoja de gobernanza: “Los mismos países que quieren regular el turismo en la Antártica, no regulan adecuadamente sus propias emisiones o sistemas de producción en sus países de origen”.
- Se cuestionó la escasa presencia de las ciencias sociales y económicas en la discusión, sugiriendo incorporar conocimiento sobre la industria turística y sus múltiples capas (yates, barcos pequeños, cruceros grandes).
- Pablo Szmulewicz (Antropòlogo, doctor en economía en ciencias económicas y empresariales) propuso desarrollar sistemas de inteligencia turística para medir el impacto real —no solo del número de personas, sino de las “pernoctaciones” o días efectivos de estadía— y extender la experiencia del programa Austral Patagonia hacia la Antártica.
“La actividad turística no solo tiene impactos negativos. También puede generar beneficios educativos, culturales, económicos, y hasta emocionales… pero para eso necesitamos evidencia y gobernanza efectiva”.
Conclusión: hacia una ética compartida en el territorio polar
El simposio puso en evidencia que la Antártica ya no es una tierra aislada ni inocente. Los barcos llegan de todo el mundo, los impactos se acumulan y los sistemas de gobernanza actuales parecen desbordados por la complejidad del cambio climático, la intensificación turística y las propias contradicciones de la ciencia.
El llamado común fue a construir una ética compartida que reconozca que “todos intervenimos en la Antártica” —turistas, científicos, logísticos, Estados— y que esa intervención conlleva responsabilidad, monitoreo, participación y nuevas formas de cooperación entre disciplinas, sectores y países.



