Donna Haraway
Hacer parentesco: trabajar desde donde ya estamos
En Seguir con el problema, Donna Haraway propone hacer parentesco como una respuesta concreta a la pregunta de cómo vivir y actuar en mundos dañados. No se trata de una metáfora afectiva ni de una consigna ética general, sino de una práctica situada de construcción de relaciones en contextos donde no hay soluciones limpias ni futuros garantizados.
Haraway es explícita: el parentesco no se hereda, se hace. Y se hace en condiciones históricas específicas, con humanos y más-que-humanos, con memorias, infraestructuras, especies, tecnologías y territorios que ya están ahí. En ese marco, escribe que “hacer parentesco implica aprender a vivir y morir bien unos con otros en un presente espeso” (Haraway, 2016). La frase no es retórica: nombra una ética de la co-presencia responsable, lejos de la promesa de salvación o del distanciamiento analítico.
Desde esta perspectiva, trabajar en los territorios —investigar, planificar, intervenir, crear— no consiste en aplicar modelos externos ni en “resolver” problemas desde afuera. Implica quedarse con el problema, escuchar lo que el lugar devuelve, reconocer dependencias y asumir que el conocimiento se produce en relación, no por extracción. El territorio deja de ser un fondo pasivo y se vuelve pariente activo, con el que se negocian continuidades posibles.
“Hacer parentesco” es, entonces, una clave potente para pensar el desarrollo local más allá del crecimiento o la eficiencia. Supone procesos lentos, parciales, muchas veces conflictivos, donde lo central no es el resultado inmediato, sino la habitabilidad compartida. Haraway no promete armonía: propone responsabilidad. No ofrece recetas: invita a aprender a trabajar con lo que hay, con quienes están, en los tiempos que el propio territorio impone.
Leer Seguir con el problema es aceptar esa invitación exigente. Es comprender que el trabajo situado —en ciudades, comunidades, ecosistemas o fronteras como la Antártica— es, en el fondo, un ejercicio de hacer parentesco: sostener relaciones que permitan que algo de la vida común continúe, aun en medio del daño
“Hacer parentesco” (making kin) está explícita y estructuralmente en el libro. Aparece como eje conceptual y político, especialmente en la Introducción y en los capítulos 3 y 4, donde Haraway articula seguir con el problema con generar parentesco en el Chthuluceno. El Chthuluceno es un concepto propuesto por Donna Haraway, cuyo origen se encuentra en la raíz griega chthōn —tierra viva y subterránea— y en una crítica feminista y relacional al Antropoceno, para pensar el presente como un entramado de interdependencias entre humanos, más-que-humanos y territorios.
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