La dimensión cultural del desarrollo antártico: reflexiones desde Magallanes
¿Cómo es posible que una de las ciudades más cercanas a la Antártica del mundo aún no incorpore plenamente esa condición en su vida cotidiana? ¿Qué ocurre cuando un territorio estratégico para la ciencia, la logística y la cooperación internacional permanece parcialmente ausente de la memoria urbana, la educación y la cultura local?
Estas fueron algunas de las preguntas abordadas en una entrevista realizada en UMAG TV con motivo del lanzamiento de la Hoja de Ruta del Nodo Laboratorio Natural Antártico (que coincidió con el aniversario número 62 del Instituto Antártico Chileno (INACH) ). La conversación permitió reflexionar sobre un aspecto menos visible del desarrollo antártico: el papel de las Humanidades, las Artes, las Ciencias Sociales y la Cultura en la construcción de una relación más profunda entre la ciudadanía y la Antártica.
Uno de los principales argumentos planteados fue que la Antártica no puede seguir siendo entendida únicamente como un espacio reservado para científicos, expediciones o debates geopolíticos. Si bien Magallanes es reconocida como la principal puerta de entrada chilena al continente blanco, persiste una distancia simbólica entre la población y este territorio. Vivimos en una región antártica, pero todavía sabemos relativamente poco sobre cómo esa condición forma parte de nuestra identidad colectiva.
La entrevista abordó también la necesidad de comprender la Antártica como un ecosistema social, cultural y económico. Más de veinte expediciones internacionales operan anualmente desde Punta Arenas, cientos de investigadores desarrollan proyectos vinculados al continente y existe una extensa historia de exploraciones, rescates y cooperación internacional asociada a la ciudad. Sin embargo, gran parte de ese patrimonio permanece disperso o invisibilizado en el espacio urbano.
Desde esta perspectiva, iniciativas como el Circuito Histórico Antártico adquieren especial relevancia. Las calles de Punta Arenas contienen múltiples huellas materiales de la historia antártica: edificios, sitios de expediciones, monumentos, laboratorios, fotografías y relatos que permiten comprender que la relación entre la ciudad y la Antártica no es reciente ni circunstancial, sino que forma parte de una trayectoria histórica de más de un siglo.

Otro de los temas discutidos fue el potencial de las industrias culturales y creativas asociadas a la Antártica. Artesanos, artistas, gestores culturales, educadores y comunicadores pueden desempeñar un papel clave en la apropiación social del conocimiento antártico. La pregunta no es solamente cómo investigar la Antártica, sino también cómo narrarla, representarla, enseñarla y convertirla en una experiencia significativa para quienes habitan la región.
Finalmente, la conversación subrayó la importancia de proyectos estratégicos como el Centro Antártico Internacional, concebido no solo como infraestructura científica, sino también como un espacio de encuentro entre ciencia, patrimonio, educación, turismo y cultura.
En síntesis, la entrevista planteó una idea central: la próxima etapa del desarrollo antártico chileno dependerá tanto de la ciencia y la logística como de nuestra capacidad para construir una ciudadanía antártica. Una ciudadanía que reconozca que la Antártica no comienza al otro lado del océano, sino también en las calles, instituciones, memorias y prácticas culturales de quienes habitan el extremo austral de Chile.


